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jueves, 26 de noviembre de 2015

Canibalismo y decapitaciones: el horror que se vive en las cárceles de Brasil

Al fiscal brasileño Gilberto Câmara França Júnior le llevó casi dos años entender lo que había ocurrido en la celda uno del bloque C del penal de Pedrinhas, en el estado de Maranhão.
Y cuando finalmente armó el puzzle, se encontró con una escena que nunca había visto en sus 18 años de carrera: "Te pone contra la propia condición humana", le advierte a BBC Mundo.
La investigación concluyó que el recluso Edson Carlos Mesquita da Silva fue asesinado por otros presos de esa cárcel del noreste brasileño, en diciembre de 2013. Su cuerpo lo cortaron en 59 partes, que salaron y desparramaron por el penal en bolsas de basura.
Entre los restos hallados días después faltaba el hígado.
"Según el relato de un testimonio que mantenemos bajo reserva y (para el) que fue pedida protección, el hígado lo habrían asado, dividido entre los presos y comido", agrega el fiscal.
La denuncia, presentada a la justicia el mes pasado, señaló a siete autores materiales o intelectuales del homicidio, miembros de un grupo pequeño pero temido en esa cárcel, denominado "Ángeles de la Muerte".
Un preso de la cárcel brasileña de Pedrinhas, estado de Maranhão, herido durante un enfrentamiento de bandas rivales el año pasado.Image copyrightReuters
Image captionUn preso de la cárcel brasileña de Pedrinhas, estado de Maranhão, herido durante un enfrentamiento de bandas rivales el año pasado.
¿Qué provocó semejante crimen? Tan solo un "roce" de la víctima con otro preso y con uno de los líderes de esa facción, que decidió acabar con él, explica el fiscal.
Y apunta que "hay sospechas" de otros hechos de canibalismo en el mismo penal, pero el juzgamiento del único que presenta evidencia concreta se ha demorado por una huelga judicial local.
El caso se volvió un ejemplo del lado más atroz de las cárceles brasileñas, donde grupos criminales han impuesto reglas y castigos que incluyen decapitaciones, linchamientos y violaciones colectivas.
Las denuncias llaman la atención incluso en una región con graves problemas carcelarios, y exponen a Brasil al riesgo de recibir su primera condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la situación de sus prisiones.
"Hay una posibilidad, sí, de condena", admite el director general del Departamento Penitenciario Nacional (Depen) brasileño, Renatto De Vitto, en declaraciones a BBC Mundo.

"Juzgan y ejecutan"

Todos aquí parecen coincidir en que los problemas carceleros de Brasil se deben en gran medida al hacinamiento de sus celdas.
El número de presos en el país creció 575% en los últimos 25 años (1990-2014), según cifras del Depen, un órgano vinculado al ministerio brasileño de Justicia.
El gigante sudamericano cuenta hoy con 607.731 detenidos, pero sus prisiones tienen capacidad para cerca de 377.000 reclusos. Es decir, la tasa de ocupación llega a 161%.
Presos en una celda de Maranhão.Image copyrightBBC Brasil
Image captionHacinamiento dentro de una cárcel de Maranhão, Brasil.
Es el país con mayor población carcelaria de América Latina y el cuarto a nivel mundial, detrás de Estados Unidos, China y Rusia.
"Ese aumento progresivo en las prisiones trae una serie de problemas de gestión, favoreciendo incluso la consolidación de facciones criminales", señala De Vitto.
Y apunta que "el número de muertes violentas en los presidios es seis veces mayor que la media nacional de homicidios, que ya es bastante elevada".
El propio ministro brasileño de Justicia, José Eduardo Cardozo, dijo a comienzos de mes que los prisiones del país son "mazmorras medievales". Un tiempo atrás había comentado que prefería morir antes que ser encerrado en uno de ellos.
La pesadilla es real para quienes tienen que cumplir penas en las cárceles brasileñas, como le pasó a João Luis Francisco da Silva, que estuvo preso cuatro años y cinco meses en Río de Janeiro por un fraude con tarjetas de crédito.
Presos y residuos en una cárcel del estado brasileño de Pernambuco.
Image captionPresos y residuos al aire libre en una cárcel del estado brasileño de Pernambuco. (Foto: César Muñoz / Human Rights Watch)
Silva, de 33 años, cuenta que presenció desde abusos cometidos por funcionarios hasta una golpiza mortal a un recluso por haberle robado a otro en 2012.
Ese castigo, relata, surgió de un tribunal paralelo formado por los "dueños" de la cárcel: jefes de grupos que dominan el lugar e imponen sus reglas.
"Cuando desobedeces el reglamento, son ellos los que juzgan y ejecutan", cuenta Silva, que recuperó la libertad el año pasado y ahora trabaja para la ONG carioca Rio de Paz.
"En algunos casos la sentencia es realmente la muerte", agrega en diálogo con BBC Mundo.

"Llaveros"

El control de prisiones brasileñas por parte de los propios internos fue documentado por la ONG internacional de derechos humanos Human Rights Watch (HRW) el mes pasado.
En un informe sobre las cárceles hacinadas de Pernambuco, en el noreste de Brasil, la organización señaló que la autoridad interna reside en los denominados "llaveros", reclusos a quienes los mandos legales penitenciarios cedieron las llaves de pabellones.
Según el reporte, basado en testimonios de exdetenidos y funcionarios públicos, esos "llaveros" venden a los demás presos desde espacios para dormir hasta drogas, y cuentan con "milicias" para hacer valer su poder a la fuerza.
Las cárceles son "uno de los problemas de derechos humanos clave de Brasil", le asegura el autor del informe, César Muñoz, a BBC Mundo.
Motín en una cárcel brasileñaImage copyrightAFP
Image captionEn este motín dentro de la cárcel de Cascavel, en el sur de Brasil, hubo reportes de decapitaciones el año pasado.
Su investigación encontró dos detenidos que dijeron haber sufrido abusos sexuales: violaciones grupales que fueron ignoradas por los guardias cuando se las denunciaron, pese a que en esas cárceles la prevalencia de VIH es 40 veces mayor que afuera.
El afán de las facciones carcelarias por infundir miedo ha generado escenas recientes de barbarie.
Desde el año pasado se han reportado varias decapitaciones de presos por ajustes de cuentas o durante motines en diferentes penales del país, incluido el de Pedrinhas, donde algunos casos fueron grabados en un video que llegó a medios de comunicación a comienzos de 2014.
Uno de los presidios que más preocupan a los defensores de derechos humanos es el de Urso Branco, en el estado de Rondônia, fronterizo con Bolivia, que el mes pasado vivió una rebelión de internos.
El penal fue escenario de matanzas de decenas de presos en la década pasada, lo que llevó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a pedir a Brasil medidas para proteger a los internos.
Pero ONGs como Justicia Global han vuelto a denunciar recientemente las condiciones de esa cárcel ante la Comisión, lo que plantea la posibilidad de una condena a Brasil por parte de la Corte.
De Vitto reconoce que "todavía hay problemas" en Urso Branco, aunque asegura que el gobierno federal trabaja con todos los estados del país (que gestionan la mayoría de las cárceles) para mejorar la situación de los presos.
Rebelión carcelaria en Brasil.Image copyrightAFP
Image captionLos amotinamientos de presos también son frecuentes en Brasil.
Una de las medidas destacadas es el inicio de "audiencias de custodia" en todos los estados, que permiten a los jueces determinar qué acusados pueden aguardar su juicio en libertad en lugar de permanecer encerrados, como era habitual hasta ahora.
Según expertos, esto podría quitarle presión a las cárceles superpobladas y ayudar a detectar abusos policiales.
Sin embargo, los activistas advierten que la impunidad sigue reinando cuando se trata de crímenes tras las rejas en Brasil.
"Ya sea en matanzas, muertes o torturas provocadas por agentes del Estado, el grado de resolución de esos casos es extremamente bajo", sostiene Sandra Carvalho, directora de Justicia Global.

martes, 10 de noviembre de 2015

Millonarios brasileños menores de 20, con su negocio online

Muchos padres observan cómo sus hijos adolescentes se quedan pegados a sus consolas de videojuegos y pantallas de computador, preocupados por su futuro.
Pero las madres de Henrique Dubrugras y Pedro Franceschi ya no se preocupan por eso.
Los dos adolescentes brasileños solían pasar cerca de un tercio del día frente a las pantallas, pero para ellos eso resultó productivo.
Y si bien hay un montón de empresarios de internet que comienzan bastante jóvenes, su historia se destaca.
Con 19 años cuentan con un exitoso emprendimiento, Pagar.me, que emplea a 30 personas, factura anualmente varios millones de dólares y se ganaron becas de la Universidad de Stanford.

Programadores amateur

Cuando Henrique tenía 12 años, era un gran seguidor del juego Ragnarok. Como sus padres no estaban dispuestos a pagar por la versión Premium, Henrique comenzó a programarla él mismo.
"Yo solía hacer mis propios servidores, así que no tuve que pagar por la versión original", cuenta.
Posteriormente se las ingenió para lograr ganar dinero con sus habilidades. Al principio sus padres estaban un poco asustados, creyendo que estaba apostando en línea.
Pedro Franceschi, cofundador de Pagar.me, comenzó aún más joven, jugando con el software desde los 9 años.
"Los dos empezamos a programar como una forma de lograr cosas que queríamos", dice.
Pedro quería usar el nuevo ciberasistente de Apple, Siri, pero este sólo hablaba inglés. A la edad de 15, se las había arreglado para hacer que Siri hablara portugués.
Cuando tenían 16 y 17, los dos adolescentes se conocieron por Twitter.
A diferencia de la típica charla de adolescentes sobre música o fútbol, en su primer encuentro debatieron sobre los méritos de los diferentes programas de edición de texto para programación.
Pronto se dieron cuenta de que sus ambiciones y sueños eran más parecidos que diferentes.
"Fue entonces cuando comenzó nuestra amistad. Pedro comenzó a usar mi editor de texto. Gané la discusión y gané un socio", dice Henrqiue.
En esa época Henrique vivía en Sao Paulo, pero Pedro estaba a más de 400 kilómetros de distancia, en Río de Janeiro, así que inicialmente la asociación desarrolló en línea.

Invítame a salir

Por esa época también se enfrentaban a los mismos problemas que históricamente han afectado a los adolescentes durante generaciones.
"¿Qué pasa si invito a una compañera de clase a salir y ella dice que no? Va a ser difícil incómodo seguirla viendo todos los días después de eso", dice Henrqiue, explicando el viejo dilema.
Asistió a una hackathon y a su equipo se le ocurrió una aplicación basada en Facebook: AskMeOut (InvítameASalir).
Como Tinder, la plataforma le dio a los jóvenes románticos la oportunidad de mostrar interés en alguien y ver si es correspondido, sin arriesgar el rechazo cara a cara.
El equipo de Henrique ganó el primer premio y 50.000 reales (unos US$ 13.200).
Pero Henrique se dio cuenta de que los hombres y las mujeres (¿o niños y niñas?) estaban usando la aplicación de distintas maneras: mientras las mujeres eran más exigentes, los hombres la utilizaban para hacer clic a cuanta fémina se le apareciera en la lista.
Su solución fue cobrarles a los usuarios masculinos. Y al tener que pagar cada "me gusta", estos se hicieron más selectivos.
AskMeOut fue un éxito, pero Henrique quería un mejor sistema de pago para ella.
Por suerte fue entonces cuando conoció a Pedro. Hicieron una lluvia de ideas y en ese momento Pagar.me comenzó a evolucionar.
Hoy Pagar.me maneja pagos por valores que alcanzan millones de reales al año, ha ganado una serie de premios y atrajo 1 millón de reales de inversionistas extranjeros (unos US$264.000).

Adolescentes "normales"

En resumen, la plataforma ofrece una forma barata y sencilla para que los clientes paguen por productos en línea, que combina el bajo costo de un servicio de terceros como PayPal con la simplicidad de pagar directamente en el sitio del proveedor sin tener que conectarse a otro sistema.
Pagar.me cobra una comisión de 1,5% en cada compra más un impuesto de medio real. Los clientes también pagan una comisión a los socios de pagar.me que oscila entre 3% y 5%.
"La gente no creía que pudiéramos crear un producto tan innovador", dice Henrique.
El joven admite que no habría sido posible sin el equipo adecuado, o el apoyo de mentores y de sus familias.
Las 30 personas que trabajan en Pagar.me tienen entre 16 y 45 años. Sin embargo, según los fundadores, su relativa juventud no ha afectado a su relación con el personal.
"Creemos que los buenos líderes son los que logran sus objetivos, junto con su equipo. No es una cuestión de género, calificaciones o edad", dice Henrique.
"Dirigir una empresa es un camino lleno de obstáculos, pero tenemos la suerte de que en los momentos difíciles hemos sido guiados por personas a las que admiramos. Esto nos ahorró un montón de tiempo durante la evolución de la compañía", añade.
A pesar de la magnitud de su éxito, Henrique no se siente tan diferente a los de su edad.
"En realidad, todavía somos adolescentes. Nos gusta jugar videojuegos y salir con amigos. Creo que es cada vez más común que las personas persigan sus ambiciones en su juventud. Somos sólo dos personas comunes y corrientes con un negocio".